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Texto curatorial

La propuesta de Diego Figueroa consiste en la construcción de una fuente de piletas de lona articulada a la manera de una pirámide escalonada. El tamaño de las piscinas va descreciendo de abajo hacia arriba, hasta llegar a la cuarta y más pequeña. La altura y la base, entre pileta y pileta, se generan por la incorporación de cajones de cerveza. Por medio de la acción de un motor, el agua circula continuamente, imitando el sistema constructivo de las fuentes tradicionales.
Por un lado, este proyecto es un comentario paródico, desprejuiciado y cargado de humor sobre la tradición de la escultura monumental y ornamental en espacios públicos, que tiene como protagonistas principales a las fuentes con remates escultóricos. Basta mencionar a la Fontana de Trevi, entre otras monumentales piezas del Barroco, para distinguir los referentes históricos con los que Figueroa entabla este diálogo.
Más acá en el tiempo, el influjo de Fuente (1917), de Marcel Duchamp, y su gesto inaugural, son el intertexto ineludible del proyecto. De este modo, Figueroa no dialoga sólo con los formatos convencionales de fuente (desde Las Nereidas de Lola Mora, o las que se encuentran en diagonal al Espacio Cultural Itaú, hasta las minimalistas de Puerto Madero, por mencionar algunos ejemplos locales), sino también con el formato ready-made.
Por otro lado, y abordándola desde una óptica más introspectiva, la obra de Figueroa propone homenajear su lugar de arraigo y su cotidianeidad. Para ello elige un lugar particularmente valorado: el patio de su casa. Este sector externo de los hogares ofrece la posibilidad de acercarnos artificialmente a recordar cómo es la naturaleza, aunque más no sea en una experiencia de escala reducida, como si se tratase de una maqueta. Las macetas y los canteros nos acercan a la tierra y a las plantas, mientras que las fuentes contienen y suministran el agua.
El patio es también un lugar para la recreación, y allí se arman las piletas de lona que brindan la posibilidad de disfrutar del verano por muy poco dinero. Es en este encuentro entre la imagen de lo popular y lo fastuoso en donde se genera la fuerza de este trabajo. Esta dualidad coexistente da por resultado una obra de tono local que, sin embargo, no resulta folclórica ni “color localista”.
En Fuente, Diego Figueroa desplaza por un momento el virtuosismo técnico habitual en su trabajo. Recordemos su última exposición en el Centro Cultural de España en Buenos Aires4, donde una sofisticada escenografía diseñada por Edgardo Giménez hacía de marco contrastante para sus esculturas realizadas con bolsas de plástico, que reversionaban obras clásicas como la Venus de Milo o la Piedad, y que se destacaban por su perfección aun estando construidas con un material tan poco noble como el plástico de descarte.
Lejos del tono de exuberancia, extravagancia y dramatismo que distingue su obra, en esta ocasión Figueroa propone un trabajo contemplativo, que interpela al espectador con el humor que caracteriza a sus piezas, pero sin otros reveses. Aunque casera y algo precaria, esta fuente posee todos los elementos que convierten a las fuentes “de verdad” en objetos de contemplación.


Jimena Ferreiro Pella y Patricia Hakim
Buenos Aires, entre febrero y marzo de 2010

Artistas participantes en la muestra: Diego Figueroa | Andrea Cavagnaro | Luciana Lamothe | Jorge Tirner.